En el ámbito de la impresión, el tintado se refiere a un efecto que se logra añadiendo diferentes porcentajes de tinta para aclarar su tono, creando versiones tintadas. Los tintes realzan el atractivo visual de los materiales impresos, aportan profundidad a los diseños, mejoran la legibilidad y amplían la gama de colores al utilizar una paleta limitada.
Para crear tonalidades , se debe combinar una tinta de un color específico con tinta blanca o dejar áreas sin imprimir en el sustrato para obtener variaciones más claras de su color original. La proporción entre la tinta original añadida y las áreas sin imprimir determina su intensidad o valor como tonalidad.
Los diseñadores que deseen obtener tonos de azul más claros pueden mezclar diferentes proporciones de tinta azul con tinta blanca para conseguir la tonalidad deseada, desde clara (10 % azul, 90 % blanca) hasta muy pálida (90 % azul, 10 % blanca). A medida que se añade más tinta azul, aumenta su intensidad.
Los tintes se utilizan con frecuencia en materiales impresos como folletos, envases, volantes y carteles para añadir interés visual y realzar el diseño general. Los tintes pueden crear efectos de degradado que sombrean o resaltan elementos dentro de una composición.
La fotografía ofrece otro ejemplo maravilloso: se pueden añadir tintes a las imágenes monocromáticas para simular técnicas de virado tradicionales como la sepia o la cianotipia, creando fotos con atmósferas únicas o una estética vintage que evoca recuerdos o emociones asociadas a esas décadas. Los tintes pueden evocar ciertos estados de ánimo o sentimientos en las fotografías al imitar este proceso.
Los matices en la impresión proporcionan a los diseñadores un recurso invaluable, ya que les permiten ampliar su paleta de colores y producir impresiones más llamativas al alterar el tono y la tonalidad.

