Los libros de tres volúmenes fueron un formato popular durante el siglo XIX y la época victoriana. Se les conoce como libros de tres volúmenes porque constan de varios tomos encuadernados juntos. Cada tomo se divide en secciones que conforman una historia completa en los tres volúmenes. Además, los tres libros están en orden cronológico, lo que significa que los lectores deben leerlos todos para comprender la historia completa.
Los tomos de tres volúmenes se utilizaban con frecuencia para la ficción, especialmente para las novelas que constaban de pocos tomos. Los editores también podían publicar simultáneamente entregas más pequeñas de novelas serializadas para mantener el interés de los lectores y que esperaran con ansias las siguientes entregas. Además, el formato de tres volúmenes permitía a los editores cobrar más por volumen, lo que se traducía en rentabilidad y fidelización de los lectores.
Los libros de tres volúmenes también destacaban por su excepcional calidad de producción. Estaban elaborados con materiales resistentes, encuadernaciones decoradas, páginas ilustradas y letras doradas en los lomos, todo ello para resultar atractivos a los posibles compradores y demostrar su valor e importancia.
Las novelas de tres volúmenes fueron muy populares durante el siglo XIX. Sin embargo, a principios del siglo XX desaparecieron debido a las nuevas tecnologías de impresión y a las preferencias de los lectores. Surgieron ediciones de bolsillo más económicas y las novelas de un solo volumen fueron reemplazando gradualmente a las novelas de tres volúmenes. No obstante, las novelas de tres volúmenes son importantes en la historia editorial, ya que representan la artesanía y las tácticas comerciales de la época victoriana.

