La encuadernación con bordes irregulares produce bordes ásperos y sin acabado en las páginas. Esta técnica se utilizó ampliamente durante la Edad Media y el Renacimiento, cuando los libros solían elaborarse a mano; su nombre deriva de la palabra alemana deckel, que se traduce como «pequeña cubierta». Para crear este tipo de encuadernación, se coloca una frágil pieza de madera sobre el papel y se presiona contra él para darle forma y producir bordes ásperos y sin acabado.
Los bordes irregulares se consideraban un signo de calidad durante la Edad Media y el Renacimiento, ya que representaban libros hechos a mano en lugar de producidos en masa. Hoy en día, siguen cumpliendo esta función, pero a menudo añaden un toque rústico o vintage.
Los bordes irregulares se pueden crear manualmente o con una guillotina para papel: un dispositivo electrónico portátil con una cuchilla afilada que, mediante fricción, corta el papel para formar los bordes irregulares. Estas guillotinas se encuentran fácilmente en tiendas de manualidades.
Los bordes irregulares son un componente integral de los libros por múltiples razones:
- Añaden un aspecto pulido y atractivo.
- Ayudan a proteger sus páginas contra el desgaste.
- Añaden personajes y hacen que cada libro sea individual.
Las barbas pueden parecer pequeñas pero esenciales en las apuestas, pero pueden desmesurar el resultado final.
Los bordes irregulares aportan una estética exquisita y lujosa a los libros, elevándolos más allá de las ediciones comunes y brindando interés visual; aunque no es esencial, aquellos que buscan un libro excepcional o elegante podrían considerar los bordes irregulares como una posible solución.

